CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 23. Lo normal y correcto.

La discrepancia, la diferencia, lo contrario, lo inverso, el antónimo, no existen. Son una simple reacción, que a su vez pueden ser la acción.
Quien discrepa con una idea lo hace en función de ésta, pero lo hace sosteniendo otra idea, que bien pudo haber sido la idea que causó la aparición de aquella primera idea indicada y que se convertiría entonces en la discrepancia, o sea la reacción.
El antónimo lo es sólo en función de su antónimo o no sería antónimo de nada sino simplemente una palabra cualquiera, a la que, paradógicamente, se puede señalar como antónimo de aquella palabra original, que se convierte en antónimo de su antónimo. Sin embargo ninguna de las dos tiene la potestad de ser la palabra original o normal, como tampoco el antónimo o contraria de la otra.
No existen las diferencias ni los contrarios sin sus originales y nadie puede darle la calidad de original a nada, convirtiéndose todo en temporales contradicciones relativas o contraposiciones de semejanzas. No hay inverso o reverso sin lo recto, ordenado o anverso, pero nadie puede asegurar cuál es cuál.
Convencionalmente el negro es lo contrario del blanco pero claramente éste es lo contrario del negro, entonces cómo podemos afirmar cuál es el término original o normal y cuál el contrario.
Con las ideas pasa lo mismo. Nadie está en condiciones de pretender ser original con una idea ni adoptarla como lo normal mandando al resto de las ideas al destino de lo contradictorio o anormal.
Quien se acerca a la normalidad está desdeñando la posibilidad de evolucionar.

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