CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 27. La nobleza de una vida gris.

La percepción de la realidad de alguien que tiene el dinero suficiente sólo para sobrevivir, tal es mi caso, suele parecerse a una línea sinuosa tipo onda suave que no hace más que deslizarse por el tiempo. Es una constante sensación de no estar haciendo nada y pensar en todo lo que podría hacer, habiendo momentos en los que no se piensa nada, no se hace nada y no se quiere nada y otros en los que se piensa mucho, se hace poco y se quiere demasiado para lo que se puede obtener.

Cuando niño vivía en un entorno familiar idéntico al que tengo hoy, de supervivencia. Ninguna necesidad básica insatisfecha, pero tuve siempre insatisfecha todas las otras necesidades, las que no son básicas y que se pueden ir identificando conforme a los tiempos que se consideren. Todas referidas a cosas y objetos o experiencias de vida. Algunos juguetes que me hubiera gustado tener y no pude tenerlos -tuve muchos, pero no todos los que quería ni los mejores del mercado-, algunas salidas de excursión o vacacionales -tuve algunas, pero no todas las que hubiera deseado ni a los lugares que me hubiera gustado conocer-, algunos eventos sociales o recitales. A algunos eventos no fui aún teniendo la oportunidad de haberlo hecho, pero el carácter se me estaba formando conforme a las posibilidades económicas que tenía, debiendo seleccionar mucho los lugares, las cosas y las experiencias a vivir en función al dinero que implicaba realizarlas.

Con el esfuerzo de mi padre se me abrió la oportunidad de formarme en el nivel universitario. Tenía capacidad intelectual suficiente para hacerlo, pero fracasé, fui un imbécil. A mi favor sólo puedo decir que para estudiar en la universidad me desplacé a una ciudad alejada de la que estaba mi hogar y comencé a vivir experiencias que no sabía existían. Reconózcaseme el hecho de que eran momentos en que los gobiernos fueron dictaduras y yo tenía el hogar de mis padres en un pueblito de una provincia media del país, no existiendo ni por asomo las oportunidades comunicacionales que hoy existen, tanto que el teléfono fijo había que solicitarlo a la empresa que lo instalaba y existía una espera promedio de 4 años para que lo colocasen. Bajo esas condiciones es fácil advertir lo poco sagaz que era, aún cuando mis capacidades intelectuales estaban por encima del promedio. No supe aprovechar esa ventaja. De todas formas no hay disculpas que valgan ya que bajo el mismo esquema de vida hubieron muchísimos que sí concluyeron sus estudios universitarios.

Ahora tengo un trabajo estable, suficientemente apto para estar tranquilo hasta el momento en que me retire, con un nivel de ingreso promedio, que sólo me sirve para seguir sobreviviendo. Nada básico insatisfecho, pero limitado.

No obstante lo gris que puede verse esta descripción siempre intento ponerle color a la vida de mi familia, aún cuando en mi corazón sienta que es el gris el único que me domina.
¿Cuántos desean o desearían tener este tipo de vida? No lo sé.
Habría que eliminar los estimulantes audiovisuales que inundan nuestros sentidos para que la respuesta fuera noble.

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