CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 16. Un nuevo procedimiento para "cambiar" el estado de las cosas.

En el contexto evolutivo al que hemos arribado es imposible pensar que para obtener cambios en los sistemas políticos, económicos y culturales de una población, deban llevarse a cabo acciones del estilo revolucionarias, violentas, secesivas o segregacionistas, por cuanto no es de seres inteligentes actuar de ese modo para cambiar el statu quo. Tampoco el pacifismo, la no violencia o la desobediencia civil serían las más adecuadas porque estamos en un momento de la evolución en el cual debemos tener resultados más inmediatos. Vivimos inmersos en la velocidad, entonces no es posible esperar para ver los resultados.
Las acciones a seguir deben estar encuadradas en los siguientes principios:
1) Hacer. Sin duda que para hacer se debe saber qué hacer pero no es imprescindible saber todo lo que hay que hacer. Simplemente hay que ponerse a hacer cosas en función de la idea principal, que es "cambiar". Cualquier cosa, por pequeña que ésta sea, que se relacione con nuestro yo o con el nosotros, sin pensar demasiado en las consecuencias, evitando, claro está, que las consecuencias deparen daños físicos a otros seres, pero nada más que esa salvedad ya que cualquier otro daño debe ser reparado por el "cambio", sin posibilidad de pensar de otra forma, ya que si no "hacemos" pensando que el cambio es para mejorar en un todo la vida de cualquier ser humano, entonces no tiene sentido. Pues bien: HAGAMOS ALGO.
2) Debatir en positivo. Sería perder el tiempo ponerse a demostrar que tenemos razón ya que ésto sólo será posible dilucidarlo si se produce el "cambio", de lo contrario es una discusión abstracta. Entonces no es viable que se contesten los cuestionamientos negativos referidos a la idea central. El debate debe producirse sólo en la órbita positiva y mantenerse alejado de las discusiones que no llevan a ninguna parte positiva o que entorpezcan el cambio. En definitiva, jamás debemos preocuparnos porque no les guste el "cambio", sólo debe interesarnos "cambiar" y el debate debe ser llevado a ese terreno.
3) Seguir adelante. Como es lógico suponer en este estadio de los hechos no se tiene en claro el "todo" del "cambio" por cuanto tenerlo sería imposible, no siendo útil. El verdadero "cambio" se producirá cuando todos hayamos interactuado en él, o más bien, comenzará a verse una vez que una buena porción de gente comience a "hacer" el "cambio". Visto esto es oportuno entonces advertir que pase lo que pase con el proceso, éste debe seguir adelante, sin lineamientos y sin dogmas, sólo con la convicción de que hay que cambiar y hacerlo permanentemente.
4) Analizar siempre una observación. Va de suyo que nadie tiene la verdad absoluta por lo que siempre es oportuno detenerse a analizar una observación hecha en positivo, recordando que es importante hacer, debatir y seguir adelante, teniendo en mente los tres principios para cumplir con este cuarto.
5) Cualquier opinión puede ser la más importante. Lo que cuenta para cambiar es, por lo menos, opinar respecto a cómo hacerlo, lo que representa una obviedad por cuanto nadie va a cambiar si no tiene previamente admitido que es necesario cambiar y, para ello, haber arribado a una opinión sobre dicho cambio, por lo que dicha opinión debe ser valorada como la de cualquiera, pudiendo ella ser la más importante en el proceso de cambio.
6) Es más importante la idea u opinión que la persona. Los nombres son el sujeto en toda oración pero ésta no dice nada si sólo aparece el nombre, por lo que es claro que el mensaje es siempre más importante que el mensajero, la idea que quien la ideó o la dice y la opinión que quiern opina, de lo contrario no cumpliríamos con los cinco principios anteriores y nos detendríamos a analizar al sujeto siendo ello negativo para el proceso, el cual, ya dijimos, se basa en lo positivo de los hechos.
7) Respetar al diferente. Así como los nombres o los sujetos no son importantes como tales para tomar en consideración sus opiniones o ideas y sí lo son estas últimas, es lógico que el respeto sea la esencia del debate, máxime si lo que debatimos son las opiniones y/o las ideas y nunca lo hacemos respecto de las personas. Hacerlo hará de por sí que la acción esté basada en el respeto y éste tendrá aplicación tanto al semejante como al diferente, los que no son importantes para el debate positivo de ideas, tal como se indica en el principio sexto que antecede.
8) Darle importancia relativa a la transición. La transición puede ser permanente o tener estadios de mayor presencia en algunos momentos que en otros, pudiendo verificarse que los hechos positivos en función del cambio van produciendo efectos que pueden permanecer en el tiempo tanto como lo decidamos entre todos los que positivamente nos embarquemos en el "cambio" y en función del debate que se produzca, por lo que no es importante ningún momento de la transición, la que fácilmente puede ir viviéndose como pequeños finales a los que le suceden pequeños principios.
9) Mantener un estado de indiferencia hacia la violencia. Es el punto crucial para el éxito del cambio. Restar toda importancia a cualquier tipo de violencia que se genere en derredor del cambio, ignorándola, porque detenerse siquiera a pensar en ella nos desviará del objetivo, el cual es "cambiar", debiendo dejar aislados y hablando o actuando solos a los que pretenden introducir la violencia en el debate.
Me refiero aquí a cualquier tipo de violencia y provenga de donde provenga, es decir que esto se aplica a la violencia extrínseca como a la intrínseca  siendo esta última contraria a todos los principios ya enunciados, por lo que desde el momento mismo que se genera deja de pertenecer al sistema positivo de cambio.
Esta forma de actuar es la positiva, en tanto que inmiscuirse en la violencia verbal o física hará que no cumplamos con los principios enunciados y ello no es parte al proceso.
El arma más poderosa contra la violencia es la "indiferencia", haciendo que quien la ejerce no exista en nuestras consideraciones vitales, no teniendo importancia lo que diga o haga, siendo alguien del que ni siquiera hay que pensar.
La violencia o el violento no es parte del estado de evolución al que hemos arribado, al menos algunos, por lo que ello no puede ser considerado para "cambiar". Nuestro destino es otro y en él no existe un reconocimiento a la violencia, ni afirmativa ni negativamente, directamente nos es indiferente.
10) Probar siempre en los hechos las ideas. Las utopías no son parte del sistema por lo que la prueba y el error harán que se produzca el "cambio", determinando ello entonces que, si aplicamos los nueve principios anteriores, será imposible que una idea se quede como tal, pasando a ser parte del proceso al ser intrínseco al mismo.
11) Tomar decisiones de aplicación general sólo si surgen del consenso. Las decisiones de fondo deberán tener como base el consenso, logrado a través del proceso y de la evolución de los hechos en cumplimiento de los principios aquí detallados, refiriéndome con ello a aquellas decisiones que marcan los lineamientos generales del proceso y no los individuales, los que, tal como se enuncia precedentemente, deben ser acometidos sin necesidad de convencer a nadie para realizarlos, sobre todo porque cualquiera de esas decisiones podrá ser la más importante para determinar un verdadero "cambio" y, además, con ello se mantiene en permanente movimiento el "cambio". Los individuos son los que generan el cambio y el grupo o conjunto de ellos los consolidan con alguna decisión de aplicación genérica, pero sólo con el objetivo de facilitar la continuidad de la acción individual hacia el "cambio".
12) Obtener el consenso para continuar, nunca para concluir. Para obtener el consenso será necesario debatir positivamente, con la impronta de siempre seguir adelante, analizando las observaciones, ideas y opiniones sin importar cuán grandes o pequeñas parezcan y quién las enuncia, respetando al diferente, haciendo que el estado de transición hacia la aplicación del consenso no se convierta en lo importante al momento de debatir e, indiferentes ante la violencia, probar las ideas una y otra vez hasta consensuar cómo ejecutarlas pero sin dejar de probarlas en los hechos, logrando así la decisión que marcará el final del proceso y que, paradójicamente, será el comienzo del cambio.

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