CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 15. Manifiesto primario de la resistencia a la continuidad.

No es oportuno desestimar la consideración de analizar las distintas opciones que tiene la humanidad para mejorar el presente y reformular el futuro.

La visión del mundo se hace desde cualquier parte de él, pero siempre prevalece la que se manifiesta en los centros de poder, sean estos culturales, económicos, políticos o bélicos. Al menos esta prevalencia está relacionada con los servicios de comunicación masiva de las ideas, los que, lógicamente, tienen mayor poder de difusión en tanto y en cuanto puedan llegar a más personas la mayoría del tiempo, estando ese poder relacionado entonces con la mayor posibilidad de ejecutar acciones con mejor tecnología, durante más tiempo y con más personas trabajando en función de ello.

En síntesis: el que tiene más dinero tiene más poder de comunicación y, por lo tanto, puede hacer conocer su visión de los hechos, prevaleciendo así su análisis de la realidad, cerrándose entonces el círculo por cuanto sería de necios esperar que quien tiene la posibilidad de manejar ese poder haga algo como para que se diluya el mismo, a lo sumo compartirá una porción de poder secundario, pero jamás se autoeliminará para que con ello se beneficien otros.

Entonces ¿es lógico continuar el análisis de los hechos bajo la óptica de aquellos que hoy ostentan el poder?

La respuesta sería afirmativa sólo si los hechos analizados fueran lo suficientemente buenos como para que la gran mayoría de la gente viviese bajo las mejores condiciones de sociabilidad, humanidad y dignidad, que estuviesen acorde a los adelantos científico-tecnológicos que el hombre ha podido desarrollar y, más aún, que esa mayoría -y por qué no la totalidad-, estuviera en condiciones de sustituir o modificar en forma permanente, metódica y sistemática, hechos que le impidan o dificulten su evolución, sin necesidad de la intervención de persona alguna. Es decir, si los hechos que se producen son los mejores que se pueden producir y éstos se ejecutan por siempre de acuerdo a un método y sistema que en todo momento es el mejor que el propio hombre puede desarrollar, entonces sería coherente una respuesta afirmativa.
Pero la respuesta natural y lógica es un no. Claro que el análisis de los hechos a fin de cambiar o mejorar éstos, en cada momento que lo hagamos, no puede hacerse bajo ningún punto de vista por los que tienen éxito en el contexto analizado, ya que sería utópico creer que esos ganadores puedan pensar siquiera en modificar algo de los hechos que los han hecho ganadores y exitosos. No es humano, natural ni lógico que así ocurra.

Sólo un imbécil podría tener poder y utilizarlo para inflingirse un daño a sí mismo de tal magnitud que perdiera dicho poder.

He aquí la importancia de los rebeldes, de los anárquicos, de los que no creen, de los perdedores, de los que piensan en contra del sistema, de los que desarrollan teorías diferentes a las existentes. Es muy importante para la humanidad toda esta gente, tanto que es vital que existan, de lo contrario sólo los poderosos mantendrían los sistemas funcionando para que éstos les sirvan a ellos mismos a mantener, justamente, su poder.

Tan verdadera es esta teoría que el mismo Dios (si éste existiera y sólo considerando los hechos hasta ahora producidos), está haciendo eso, es decir sostiene un sistema que lo mantiene con todo el poder. Si realmente fuera el Dios cuyas definiciones abundan en cualquier idioma o religión, no haría lo que le hace mal a su creación, mejoraría aquello que sea necesario mejorar en beneficio de su creación, permitiría que su creación fuera tan cercana a la divinidad, a lo sublime, a lo inmejorable, que no haría falta su presencia o, al menos, él no representaría nada más que el último escalón y toda su creación estaría con un pie en el escalón anterior y el otro en ese último escalón, sino a la par de él, sin necesidad de pasar por la muerte para ello, hecho este último que de por sí representa un bochorno en el contexto divino de la creación, no existiendo explicación racional alguna por la cual se demuestre que para vivir eternamente al lado del creador éste te haga morir antes, siendo que puede hacer cuanto quiera, entre otras cosas hacerte vivir al lado de él desde el principio, dotándote de las cualidades necesarias para ello, sin necesidad de pasar por prueba alguna ya que para eso tiene el poder de crear lo que quiera.

He ahí la religión, cualquiera sea y de cualquier cultura o tiempo. Una visión de los hechos generada en la usina de los poderosos, los que claramente la imponen para seguir manteniendo ese poder. Si no lo hubieran hecho así, serían tontos. Yo lo haría en el mismo escenario, al menos hasta que me lo permitiesen.

Quedamos entonces en que hay que cambiar los hechos para que la civilización sea mejorada, ¿o no? Puede ser que la mayoría quiera seguir viviendo así como estamos. Si así fuera, este es el final del mensaje.

Si alguno cree que hay que cambiar, entonces empecemos por algo importantísimo, no dejemos que el cambio lo piensen los que tienen el poder, tienen el dinero, tienen las armas, tienen los medios de comunicación y tienen la posibilidad de comprar voluntades mediante un salario. Ese cambio, en tanto tal, lo debemos pensar los otros, los comunes, los que nos tenemos sólo los unos a los otros, los que no gritamos pero podemos hacer que una palabra viaje a todos los rincones del mundo, los que no intentamos convencer a nadie de que piense como nosotros, sino que intentamos que todos pensemos en beneficio de todos, sin unanimidad, sin violencia y sin demagogia, sólo con el propósito simple y natural de EVOLUCIONAR.

Sentado ello es que me permito proponer un sistema que permitirá, valga la redundancia, pensar entre todos ese cambio posible. Dicho sistema lo defino como DEMOSARQUIA. Búsquenlo en www.demosarquia.blogspot.com y analícenlo, es de todos y para todos.

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