CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 14. Los miedos.

¿A qué le temo? A que no pueda estar cuando mi familia me necesite. A que cuando yo ya no esté con vida mi familia no pueda salir adelante. A que mi familia, uno de ellos, algunos de ellos o todos ellos, sufran un accidente o sean víctimas de algo o de alguien, teniendo consecuencias físicas o pierdan su vida. A que yo sufra un accidente, ataque o una enfermedad que me impida seguir valiéndome por mí mismo y, peor aún, que determine que no tenga más capacidad de entender qué me está pasando o no controle mis actos.
A NADA MÁS.
Todo lo demás se puede resolver, modificar o hacer que funcione.
Entonces ¿por qué sigo preocupándome? Bueno, eso es precisamente lo que me pregunto cuando me aparecen temores que no tienen nada que ver con lo mencionado anteriormente y a partir de que me lo pregunto, listo, dejo de preocuparme y paso a ocuparme. Pero no todas las personas tienen los mismos temores ni la misma escala de y entre ellos.
El temor tiene inexorablemente dos posiciones vitales, la parálisis y la acción. La primer consecuencia del temor es la parálisis y la segunda la acción. Nunca es al revés.
Debería incluirse en todos los sistemas educativos la instrucción de cómo resolver lo más rápido posible la parálisis producida por los temores a fin de ponernos en acción para cambiar la situación a nuestro favor. Esto ayudaría a la humanidad mucho más que saber idiomas.

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