Día 22. La evolución de la especie.
Los seres humanos tenemos condiciones individuales de supervivencia inferiores a varias especies, pero hay una característica que potencia las individualidades y nos hace ser la especie superior y es el saber utilizar nuestros cerebros en grupo. Que quede claro, no es el agruparnos lo que nos hace más fuertes, sino el uso conjunto de nuestros cerebros lo que lo logra. Hay varias especies que se agrupan para fortalecerse, nosotros también lo hacemos, pero agregamos a esa primitiva actuación grupal el saber usar nuestras capacidades intelectuales en conjunto y complementariamente.
Somos familia al nacer, constituimos un grupo de afinidades durante la infancia y otros en la adolescencia, juventud y cuando somos adultos, pudiendo mantener algunos o todos los integrantes de cada uno de esos grupos durante todo el proceso, por último constituimos una nueva y pequeña familia con alguien de otra familia, naciendo la gran familia. Al menos esto es lo común.
No es posible pretender tener ideas únicas, universales y de aplicación general que surjan de un solo cerebro, sino que la interrelación de las ideas de varios individuos es lo que prevalecerá. He ahí el arte, ningún artista lo abarca por sí solo, sino que cada uno es una parte. Lo mismo con cualquier ciencia, ningún científico es ella, todos la constituyen. La política, la cultura y el trabajo corren la misma suerte, no hay individuo que los sintetice. Igual para cualquier actividad humana. Pero reitero, no es el conjunto de personas actuando lo que constituye el grupo prevalente de las especies, es la interrelación de sus cerebros.
Disponer el cerebro a adoptar posiciones grupales permite traccionar los acontecimientos, pero no debe hacerse en función de lo que la mayoría pretende. Debe hacerse valer la individualidad de nuestro cerebro al volcar su contenido al grupo, de lo contrario se cae en la masificación de las ideas. No debe perderse el libre albedrío en pos del conjunto, debe hacérselo valer en todo momento pero en función del grupo, lo contrario es individualismo o demagogia. La fina línea que separa nuestra actuación en grupos con la individualidad está determinada por nuestras ideas, debiendo prevalecer siempre el mantenerlas pero considerando que no sean originadas en nuestra individualidad o para ella, sino que tengan como objeto servir al grupo.
Quien lo entienda es eficaz en cuanto ser humano, el que no, aún no ha evolucionado.
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