CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 20. La opinión sobre las personas.

Las relaciones humanas se limitan a las pocas personas que logramos conocer en forma personal, determinando que sólo formemos opinión respecto de los otros en función únicamente de esas pocas personas, por lo que dicha opinión es absoluta y completamente subjetiva y no merece entidad alguna, menos aún que la de una encuesta por más pequeña que ésta sea.
Entonces ¿por qué creemos que nuestra opinión sobre las personas es la correcta?
Es tiempo que dejemos de creer lo que creemos respecto de las personas, cualquier cosa que ello sea. Es imposible que cada uno tenga una opinión acertada respecto al conjunto social basándose simplemente en las personas que conoce. Son muy pocas las personas que conocemos, diría que poquitísimas, como para que sean la muestra de la sociedad. A más que el núcleo mayor de personas que conocemos pertenecen a la misma estructura socio-cultural que la nuestra, teniendo muy poco conocimiento de algunas fuera de ese segmento y no mucho más que eso.
La mayoría de las personas que conocemos son familiares, luego compañeros de estudio, de trabajo o profesión y, por último, vecinos y amigos de la vida. Nada más. Muy poca gente como para decir que "nuestra" sociedad es tal o cual cosa, que "somos" de una u otra manera, que "tenemos" esta o aquella costumbre.
El conocimiento de cualquier tema nos limita al tema en cuestión ya que por fuera de él somos igual que el resto, o sea, no conocemos mucho. Entonces cada uno conoce algo de algo y poco de todo, aunque casi nada de todo diría yo. Entre ese conocimiento está el de conocer a las personas, por lo que traspolando la teoría anterior podríamos decir que sólo conocemos a las personas que conocemos y que casi no conocemos al resto de la humanidad, aunque casi no conocemos nada de todas las personas.
Dejemos de afirmar que las personas son esto o aquello ya que no conocemos nada de ninguna persona como para generalizar de tamaña mala forma.
Hagan un ejercicio mínimo de humildad cuando juzguen a otra persona o a un grupo de ellas, pensando más bien que no saben nada de ellas y dándose la oportunidad de escuchar, ver y aprender respecto de cada una, buscando el conocimiento antes de juzgar o de emitir un veredicto respecto a las mismas.
Somos 7 mil millones de seres humanos por lo que es muy dificil creerle a alguien cuando dice que tal o cual grupo de personas es esto o aquello, cuando en realidad sólo ha podido conocer, como máximo a 500 personas, no mucho más y no todas pertenecientes al grupo del cual opina.
Cualquier opinión respecto a otra persona es una mera e insuficiente improvisación subjetiva que no tiene ningún valor y, por ende, no puede ser tenida en consideración, sin importar quien emita dicha opinión. Nadie tiene información suficiente para opinar de otro, absolutamente nadie. Siempre le faltará saber qué pasa por dentro del cerebro de esa persona.

Comentarios

Entradas populares de este blog

ESTADO y DEMOCRACIA

Mensaje a esperúmenes.

Día 2. Sobre Dios.