CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 9. La Mujer. II Parte.

Llega el momento de salir y conocer a otros y otras. La charla informal, desacartonada, sin prejuicios, libre y con un objetivo: hacer el amor. Tener sexo es lo prioritario. Dificil cuestión. Comienza el intento de escrutar lo inescrutable: la mujer y su yo íntimo.
¿Para qué creen que están hechas? ¿Cuál es el motivo por el que están hechas?. Una sola respuesta: para reproducir a la especie y para eso nos necesitan, al menos en el total de los casos no científicos. Nosotros no cuestionamos el axioma natural, si hay que reproducirse pues reproduzcámonos, pero no nos interesan ni el paso previo ni el posterior, para lo único que estamos en el mundo es para cumplir justo con el único paso importante al momento de reproducirnos: el sexo. Tampoco creemos que sea necesario reproducirnos una o dos veces y basta, no señores, la reproducción desde el punto de vista del hombre no tiene fecha de finalización, estamos básicamente formados para mantener intacta la posibilidad de reproducirnos, por ende y dado lo único que nos interesa, para tener sexo. Entonces ¿por qué les cuesta entender esto a las mujeres? ¿qué tiene de complicado este principio tan básico? ¿acaso necesitan que una y otra vez se lo estemos explicando o las estemos adulando para obtenerlo?
No entiendo a las mujeres cuando nos distraen de nuestro único y natural destino, reproducirnos, que es lo mismo, al menos para el cerebro básico que poseemos, que tener sexo.
No las entiendo cuando nos hacen hacer un montón de estupideces con el fin de obtener de ellas sólo lo que queremos, sexo.
Tanto es lo que estamos dispuesto a hacer que somos capaces de formar tribus para tenerlas a todas juntas y a disposición. Generamos una Nación con el objetivo de juntar a todas las que son parecidas a aquellas que nos gustan. Como no podemos estar todo el día luchando entre nosotros para tener la prioridad de acceder a ellas porque sino no podríamos destinar tiempo al sexo, entonces inventamos las jerarquías y organizamos a la Nación a los fines de limitar el tiempo en que no tenemos sexo y así nace el Estado, dictando leyes que impidan distraernos mucho del tema principal y como la mujer es pretensiosa entonces decidimos el aspecto más útil e interesante para ellas, el monetario, la economía, el dinero, la capacidad de retener bienes que hagan de su vida algo más que sólo esperar que nosotros tengamos sexo con ellas y así inventamos las teorías económicas que, por el sólo hecho de que no son aplicables a nuestro interés primordial, tienen infinitas variantes y aportan definiciones para acortar el tiempo de tener esa parte, la económica, solucionada lo más pronto posible a los fines de disponer libremente de los momentos de sexo.
Surgen entonces, inevitablemente, las distintas soluciones a la administración económica del Estado, lo que nos acarrea la impronta de los distintos enfoques en la materia, obteniendo así distintas teorías políticas de administración. Y todo para poder darle a la mujer lo que necesita, bienes y servicios, así nos pueden satisfacer respecto a nuestra necesidad de sexo.
Para colmo somos tan básicos los hombres que hemos sido capaces de pelearnos los unos con los otros por el sólo hecho de hacerle ver al otro que la mejor forma de tener contenta a la mujer es aquella que cada uno interpreta y no como lo hace el otro, entonces, para poder estar en paz entre todos para tener sexo en forma placentera, le hacemos la guerra al que piensa distinto a nosotros para someterlo y que no interrumpa nuestra marcha en paz hacia el sexo, sin importar que para ello debamos matar, torturar, desterrar o hacer cuanta barbarie se nos ocurra.
Todo es por una simple sesión de sexo, tal como fue en un principio. Y todavía no lo entienden las mujeres. ¡¡¡Cuántas cosas nos hubiéramos evitado los seres humanos si las mujeres sólo fueran objeto!!! Pero bueno, a lo mejor está bien que tuvieran cerebro, después de todo nos acompañan cuando ya no podemos tener sexo con ellas.

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