Las madres harán la próxima revolución

 Hasta el presente las revoluciones han tenido diversos antecedentes, variados participantes y protagonistas, se basaron en diferentes ideas e ideales, pero lo que nunca ocurrió y será lo próximo que ocurrirá, es que la revolución la encabecen las madres y lo hagan por la más simple y biológica de las causas, para salvaguardar a sus hijos. Se está ante el clímax de la mala vida de los hijos soportable para una madre. Estamos al borde de que la sustentabilidad de la vida de los hijos sólo sea posible si están con las madres y eso, a las madres, no les parece biológicamente aceptable. Más allá de su instinto de protección que las lleva a estar bien cuando sus hijos están junto a ella, está el instinto más inmanente de saber que sus hijos deben poder valerse por sí mismos dado que ellas no son inmortales. Es cuestión de tiempo para que las madres se rebelen contra el sistema que impide a sus hijos tener un horizonte de vida digna en todo el tiempo en que vivan, que incluye todo ese gr...

Día 4. Sobre sexo y amor.

Los pongo juntos aunque pienso que no son lo mismo, no aparecen juntos, no se complementan y no tienen nada que ver uno con el otro.
El sexo es animal, el amor es sólo racional. Para el sexo no hace falta ninguna actuación primaria del cerebro, para el amor sólo hace falta el cerebro. El amor sin sexo existe y el sexo sin amor también. El sexo tiene una sola categoría, en cambio del amor podemos identificar varias.
Para tener sexo sólo hay que dejarse llevar por el instinto, para tener amor tienen que ejecutarse varias acciones en el cerebro. No se sabe nada del amor hasta después de haberlo sentido, el sexo puede sentirse a través de cualquier acto que involucre el tacto, por lo que el amor es extrasensorial y el sexo sólo sensorial, incluso cuando lo gozamos en sueños ya que se ejecuta un acto sensorial reflejo de lo que se sueña, sin lo cual no es posible el sexo en sueño.
El amor es intermitente y temporal, el sexo permanece desde el nacimiento hasta la muerte. Para que haya amor deben darse siempre condiciones de humanidad y raciocinio. En donde no se encuentren ambas no existe la posibilidad del amor. Para el sexo sólo hace falta que el instinto actúe sin necesidad de condiciones de humanidad y raciocinio.
El fin del amor no es el sexo y el de éste tampoco lo es el amor, ambos pueden existir el uno sin el otro.
Cuando coincide el amor con el sexo o éste con aquél, estamos en presencia del éxtasis, el cual puede transformarse en felicidad sólo si somos capaces de darnos cuenta del mismo en dos dimensiones, la corpórea y la extracorpórea o etérea, las cuales son la base de nuestra esencia.

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