CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 4. Sobre sexo y amor.

Los pongo juntos aunque pienso que no son lo mismo, no aparecen juntos, no se complementan y no tienen nada que ver uno con el otro.
El sexo es animal, el amor es sólo racional. Para el sexo no hace falta ninguna actuación primaria del cerebro, para el amor sólo hace falta el cerebro. El amor sin sexo existe y el sexo sin amor también. El sexo tiene una sola categoría, en cambio del amor podemos identificar varias.
Para tener sexo sólo hay que dejarse llevar por el instinto, para tener amor tienen que ejecutarse varias acciones en el cerebro. No se sabe nada del amor hasta después de haberlo sentido, el sexo puede sentirse a través de cualquier acto que involucre el tacto, por lo que el amor es extrasensorial y el sexo sólo sensorial, incluso cuando lo gozamos en sueños ya que se ejecuta un acto sensorial reflejo de lo que se sueña, sin lo cual no es posible el sexo en sueño.
El amor es intermitente y temporal, el sexo permanece desde el nacimiento hasta la muerte. Para que haya amor deben darse siempre condiciones de humanidad y raciocinio. En donde no se encuentren ambas no existe la posibilidad del amor. Para el sexo sólo hace falta que el instinto actúe sin necesidad de condiciones de humanidad y raciocinio.
El fin del amor no es el sexo y el de éste tampoco lo es el amor, ambos pueden existir el uno sin el otro.
Cuando coincide el amor con el sexo o éste con aquél, estamos en presencia del éxtasis, el cual puede transformarse en felicidad sólo si somos capaces de darnos cuenta del mismo en dos dimensiones, la corpórea y la extracorpórea o etérea, las cuales son la base de nuestra esencia.

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