CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 1. Sobre la expresión y la idea.

Al tener libertad de expresarme puedo hacerlo, o no. Si lo hago genero sonido, letra, dibujo, gráficos, que traducen la idea mediante la palabra (oral o escrita) o la imagen. Entonces, la idea es primera. Pero si no hay expresión no hay constancia física de su existencia, por lo que la expresión viene a ser la "muestra" de la idea.
Esa muestra tiene, entonces, característica de bien físico, que se puede transformar en mercadería o no, dependiendo del uso que le de el propietario de la idea que la originó y siempre que tenga pleno dominio sobre ese bien, de lo contrario no será el único con disposición para transformarla en mercadería. A su vez, a esa mercadería, en tanto tal, se le puede dar un valor económico, cualquiera sea, incluso se le puede dar el valor de gratuidad.
Así concluyo que no es la idea la que tiene un valor y no es a la que hay que proteger -lo que me parece absolutamente abstracto y de imposible cumplimiento por cuanto no conozco método alguno o sistema que pueda introducirse en el cerebro para proteger la idea, la que, también estoy seguro, no se sabe cómo, cuándo y dónde se genera-, sino que la protección puede realizarse sólo sobre la referida "muestra" de la idea.
En fin, esto es a los fines de instruirlos respecto a que sobre todos los hechos que ocurren dentro de mí, en tanto cerebro, ninguno de ustedes tiene la más mínima posibilidad de obtener control alguno, por lo que bien vale afirmar que en mi esencia "soy libre" y no necesito de la expresión para ello.
Antes de expresarme ya soy libre y, entonces, no será por expresarme que deben considerarme así. A lo sumo deberán interpretar que soy libre de expresarme, que no es lo mismo.

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