SINGULARIDAD, LO CONTRARIO DE INDIVIDUALISMO

Si existieran seres extraterrestres y lograran verme desde fuera del planeta tierra, sería para ellos un terrícola, es decir, uno de los muchos terrícolas, pero no sería yo en tanto individuo al que verían. Si un terrícola pudiera verme desde cualquier punto del planeta, sería para ellos un latinoamericano, es decir, uno de los muchos que viven en esta zona del planeta, pero aún no sería yo como individuo al que verían. Si un latinoamericano pudiera verme desde cualquier país que la integra, para ellos sería un argentino, es decir, uno de los muchos que viven en este país, pero no sería yo en tanto persona individual al que verían. Si un argentino me pudiera ver, para él sería un mendociono porque vivo en esta provincia, pero aún no sería yo al que vería. Si un mendocino pudiera verme, para él yo sería un maipucino, dado que ahí vivo. No sería al individuo sino al miembro de un grupo que vive en ese lugar. Para un maipucino, si pudiera verme, vería que soy alguien que vive en el barrio...

Día 8. La mujer. I Parte.

Es inevitable el contacto con una. Se nace de una de ellas. Todo cambia cuando uno pasa de la infancia a la adolescencia porque de niño no hay mayores implicancias en la relación con una mujer, al menos si ella es de la misma edad que la de uno, por cuanto las otras, las más grandes pasan a ser o la madre, la abuela, la hermana o la tía de otro, sino simplemente "la vecina", no siendo eso relevante para uno.
El trato con la mujer de la misma edad, en la infancia claro, es simple, directo, sin segundas intenciones, sólo se nota que ellas no hacen pichí (orinar) en la calle, como sí podemos hacerlo nosotros y no nos preguntamos mucho al respecto; será porque no tienen gana ¿quien sabe?. Por lo demás las cosas son iguales y a veces, muchas más de las que nos acordamos, nos ganan en cualquier juego que emprendemos, pero no importa, nosotros seguimos siendo más fuertes físicamente que ellas, al menos no nos ponemos a llorar al primer golpe que recibimos, a lo sumo salimos corriendo, haciendo muecas de dolor y sufriendo para adentro, pero no lloramos. Eso nos hace más fuertes.
Cuando llegamos a la adolescencia... guauuuu. ¿Esa es la Julieta? No puede ser, si está buenísima y yo jugaba con ella como si fueramos amigos. No, esa no es, debe ser un familiar. Pero.... Noooooo. Es ella nomás. Que lo parió, que buena que está.
Entonces no nos arrimamos a la Julieta porque nos da miedo su físico, duplicando al nuestro que aún no le hemos avisado que es hombre y entonces no se ha desarrollado, avergonzándonos el muy mal parecido. Para colmo aparecen muchachos de más edad que se ponen a conversar con la Julieta. Pero de qué van a hablar si a la Juli le gustaba jugar conmigo. ¿Por qué no querrá más hablar conmigo la Juli? Y bueno, que se yo, a lo mejor soy chiquito para ella. Que se joda. Se pierde un amigo. Pero que la parió qué rica está la loca. Será que la tengo que mirar y nada más. A no, yo me masturbo en su honor.
Y así es como queda registrada la Julieta como nuestro primer amor, cuando en realidad fue con la que jugábamos de niño y a la que le dedicamos unas hermosas masturbaciones que no se nos olividarán nunca.

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