Las madres harán la próxima revolución

 Hasta el presente las revoluciones han tenido diversos antecedentes, variados participantes y protagonistas, se basaron en diferentes ideas e ideales, pero lo que nunca ocurrió y será lo próximo que ocurrirá, es que la revolución la encabecen las madres y lo hagan por la más simple y biológica de las causas, para salvaguardar a sus hijos. Se está ante el clímax de la mala vida de los hijos soportable para una madre. Estamos al borde de que la sustentabilidad de la vida de los hijos sólo sea posible si están con las madres y eso, a las madres, no les parece biológicamente aceptable. Más allá de su instinto de protección que las lleva a estar bien cuando sus hijos están junto a ella, está el instinto más inmanente de saber que sus hijos deben poder valerse por sí mismos dado que ellas no son inmortales. Es cuestión de tiempo para que las madres se rebelen contra el sistema que impide a sus hijos tener un horizonte de vida digna en todo el tiempo en que vivan, que incluye todo ese gr...

Día 8. La mujer. I Parte.

Es inevitable el contacto con una. Se nace de una de ellas. Todo cambia cuando uno pasa de la infancia a la adolescencia porque de niño no hay mayores implicancias en la relación con una mujer, al menos si ella es de la misma edad que la de uno, por cuanto las otras, las más grandes pasan a ser o la madre, la abuela, la hermana o la tía de otro, sino simplemente "la vecina", no siendo eso relevante para uno.
El trato con la mujer de la misma edad, en la infancia claro, es simple, directo, sin segundas intenciones, sólo se nota que ellas no hacen pichí (orinar) en la calle, como sí podemos hacerlo nosotros y no nos preguntamos mucho al respecto; será porque no tienen gana ¿quien sabe?. Por lo demás las cosas son iguales y a veces, muchas más de las que nos acordamos, nos ganan en cualquier juego que emprendemos, pero no importa, nosotros seguimos siendo más fuertes físicamente que ellas, al menos no nos ponemos a llorar al primer golpe que recibimos, a lo sumo salimos corriendo, haciendo muecas de dolor y sufriendo para adentro, pero no lloramos. Eso nos hace más fuertes.
Cuando llegamos a la adolescencia... guauuuu. ¿Esa es la Julieta? No puede ser, si está buenísima y yo jugaba con ella como si fueramos amigos. No, esa no es, debe ser un familiar. Pero.... Noooooo. Es ella nomás. Que lo parió, que buena que está.
Entonces no nos arrimamos a la Julieta porque nos da miedo su físico, duplicando al nuestro que aún no le hemos avisado que es hombre y entonces no se ha desarrollado, avergonzándonos el muy mal parecido. Para colmo aparecen muchachos de más edad que se ponen a conversar con la Julieta. Pero de qué van a hablar si a la Juli le gustaba jugar conmigo. ¿Por qué no querrá más hablar conmigo la Juli? Y bueno, que se yo, a lo mejor soy chiquito para ella. Que se joda. Se pierde un amigo. Pero que la parió qué rica está la loca. Será que la tengo que mirar y nada más. A no, yo me masturbo en su honor.
Y así es como queda registrada la Julieta como nuestro primer amor, cuando en realidad fue con la que jugábamos de niño y a la que le dedicamos unas hermosas masturbaciones que no se nos olividarán nunca.

Comentarios

Entradas populares de este blog

ESTADO y DEMOCRACIA

Día 2. Sobre Dios.

Mensaje a esperúmenes.