Día 10. Civilización o barbarie.
A través de la historia los seres humanos hemos desarrollado diferentes sistemas de distribución de bienes y servicios y en todos ha habido un elemento común, el acopio. Los animales no racionales no son por lo general acopiadores, a excepción de algunas especies que sí lo son. Por ello concluyo que, considerando a todos por igual como animales, la excepción es el acopio de bienes.
Los resultados son dispares según las épocas, los acontecimientos y el nivel de desarrollo que exista al aplicarse cada sistema, por lo que no es bueno generalizar al calificarlos. Lo que es bueno para algunos en una determinada zona del planeta, bajo unas circunstancias y en un contexto de desarrollo, no lo es para otros en la misma época, con las mismas circunstancias pero de otra zona, por ejemplo.
Pero vayamos de lo general a lo particular. El acopio ha sido lo único común y desde allí es que partiremos, pues esa es la base del comercio.
Acopiar bienes tiene distintas causas. Se puede hacer para contar con esos bienes en cualquier momento, para asegurarnos que podemos repartirlos de una mejor manera y hasta para tener la posibilidad de ofrecérselos a quienes no los pueden tener, a cambio de otros bienes que nosotros no poseemos y que ese otro sí puede acopiar, o para poder vender el exceso de esos bienes porque no nos son necesarios.
Los efectos de acopiar también son diversos. Se incrementa la posibilidad de mantener una continua disposición de ellos, se dispone de un bien que puede servir como elemento de intercambio con otros bienes que nos hacen falta y no disponemos o se pueden realizar operaciones comerciales que tengan a esos bienes acopiados como garantía de cumplimiento de lo pactado.
Lo crucial no pasa por el acopio, sino por lo indispensable que sean los bienes para el funcionamiento del grupo elegido para convivir, determinando ello que quienes posean los bienes más cruciales para la vida de la mayor cantidad de grupos, serán los que más poder de decisión contarán al momento de determinarse las acciones a desarrollar por el conjunto de grupos al que le hagan falta.
Esta teoría debería ser cierta y tendría que ser probada empíricamente, pero la historia de la humanidad ha hecho y hace que la misma no se verifique. No son ni han sido los grupos que poseen los bienes cruciales los que mandan o determinan el decurso de los acontecimientos, siempre han sido aquellos grupos más agresivos los que toman las decisiones, es decir los más violentos y con mayor poder de disuación sobre el resto, lo que lleva a preguntarnos si realmente los bienes cruciales son los que así consideramos o lo es, en definitiva y concretamente, el poderío bélico.
Según algunos teóricos se produce entre las especies lo que podría denominarse como la supervivencia del más apto, pero ello no es aplicable a los seres humanos, al menos no taxativamente, por cuanto no siempre el más apto es quien posee el poderío bélico que lo lleva a determinar el curso de los hechos, a no ser que se considere como el más apto por el sólo hecho de haber obtenido las habilidades necesarias para encontrarse por encima de los otros en lo referente a la fuerza bélica. De ser así habría que decodificar el concepto de aptitud y confrontarlo con la naturaleza racional del ser humano, por cuanto no se entendería la contradicción entre ser el más apto y estar capacitado para eliminar al menos apto, no al menos desde lo racional.
Nos queda, a mi entender, darnos cuenta que la racionalidad que detentamos nos ha sido provista por la evolución y que la misma nos impone obtener una mayor claridad para el desenvolvimiento de la especie, haciendo que dispongamos de una buena vez, al menos los más evolucionados, de un sistema por el cual no exista la posibilidad de que el más apto sea el que mejor pueda disponer de fuerza bélica para imponer su criterio sobre el menos apto, sino que la aptitud lleve de una vez por todas el sello de la racionalidad y sirva para que los mejor preparados dispongan las acciones comunes de la especie, sin importarnos nada más que la preservación de la especie.
De lo contrario no habrá otro resultado posible que la desaparición de la especie por cuanto los más aptos para obtener elementos de fuerza y presión sobre los otros sólo obtendrán como resultado el máximo acopio de bienes o la máxima disponibilidad de ellos, pero se quedarán solos en el mundo ya que el resto no será apto para obtenerlos ni para mantenerlos acopiados, desapareciendo y dejando su lugar a aquellos que estén del lado de los más violentos, los que sucumbirán por su propia violencia ya que la desaparición es inherente a la violencia permanente.
Esto ya ha ocurrido y volverá a ocurrir si no nos damos cuenta de ello, con la diferencia que los objetos bélicos de hoy en día son muy diferentes a los que tuvimos en otras épocas.
Antes sólo se exterminaba un grupo de personas quedando todo lo demás, ahora podemos hacer desaparecer al planeta,
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