La discrepancia, la diferencia, lo contrario, lo inverso, el antónimo, no existen. Son una simple reacción, que a su vez pueden ser la acción. Quien discrepa con una idea lo hace en función de ésta, pero lo hace sosteniendo otra idea, que bien pudo haber sido la idea que causó la aparición de aquella primera idea indicada y que se convertiría entonces en la discrepancia, o sea la reacción. El antónimo lo es sólo en función de su antónimo o no sería antónimo de nada sino simplemente una palabra cualquiera, a la que, paradógicamente, se puede señalar como antónimo de aquella palabra original, que se convierte en antónimo de su antónimo. Sin embargo ninguna de las dos tiene la potestad de ser la palabra original o normal, como tampoco el antónimo o contraria de la otra. No existen las diferencias ni los contrarios sin sus originales y nadie puede darle la calidad de original a nada, convirtiéndose todo en temporales contradicciones relativas o contraposiciones de semejanzas. No hay inv...