Cuando has perdido toda posibilidad de creer en algo es cuando más cerca de ser feliz estás. No hay muchas cosas que te puedan resultar malas, ni conflictivas, ni antagónicas a tu pensamiento, pues no crees en nada, así es que nada te importa, mucho menos que rechacen lo que piensas, total no tiene importancia ya que no creías que no lo hicieran. Nada te sorprende, nada es para siempre, nada se configura como una meta inalcanzable. Estás viviendo lo que quieres vivir y sin darte a ti ninguna explicación de por qué lo haces. Simplemente lo haces y ya. Pero para no creer en nada previamente debiste haber creido en algo y entonces vemos que tienes la duda si realmente dejaste de creer porque te diste cuenta que era un engaño o porque descubriste algo mejor en qué creer. Se supone que no creer en nada es una creencia en sí, o al menos así lo creo, pero el planteo que hago se relaciona a no creer en nada simplemente porque no queremos y no porque estemos en contra de cualquier cr...