Somos materia en evolución que por un período corto de
tiempo es consciente de sí misma.
Hubo una época que no tuviste consciencia de ti mismo. Fuiste
blastocito (cigoto), embrión, feto y bebé. Y habrá otra que la puedes perder si
te alcanza la senilidad o el temible mal de Alzheimer.
Con mucho optimismo llegarás a los 85 años de vida con buena
salud y conciencia, por lo que habrás sido consciente algo así como 83 años, de
los cuales ya llevas bastante vividos, quedándote un poco menos que eso.
La Vía Láctea, que es nuestra Galaxia, tiene algo así como cien mil millones de planetas y el Universo contiene a algo cercano a cien mil millones de galaxias semejantes, teorizándose incluso que existiría un Multiverso que contendría una cantidad no precisada de universos de igual magnitud. Dentro de todo ese casi infinito panorama de planetas está el que nos contiene, la Tierra, único y exclusivo lugar donde habitamos desde hace muy poquito tiempo respecto del total en que existe. Esto es información dura.
Los humanos hemos intuido, sabido o aprendido esta verdad y nos ha resultado tan desconcertante como te resulta ahora al leerlo,
por eso inventamos ideas evasivas y les dimos siempre un tinte de misticismo
para que nos perdiéramos en su confusa concepción. A esas ideas las conocemos como religión.
Si el concepto religioso de la vida fuera único, universal y
permanente, no sería verdad lo que digo, pero como cada época y grupo humano ha
interpretado, interpreta e interpretará a su voluntad el tema religioso, es más
que obvio que ninguno tiene razón ni la suya es la verdad. La contradicción es más que
evidente como para que cualquiera se anime a afirmar lo contrario.
Quien hoy cree en Dios debe saber que ese no es el mismo
Dios en el que creían los romanos o los egipcios durante el apogeo de sus civilizaciones, ni el
de los mayas, los griegos, los vikingos o de tantos otros pueblos y
civilizaciones, incluso el de los primeros humanos que vivieron en cuevas, ni
existe como tal para los budistas, los
hindúes o los brahamanes. Tampoco el Corán y la Biblia lo interpretan de igual
forma y los judíos no llegan a él de la forma que lo hacen los católicos o los
protestantes, quedando muchas más posibilidades para mencionar respecto de creencias
religiosas o deidades, tantas como queramos.
Tenemos entonces que aquella realidad básica de nuestra
materialidad evolutiva y pequeñez frente al todo universal, que nos tiene tan preocupados por su ridiculez e
insignificancia, es la que nos motiva a buscar la razón de nuestra existencia y
nos proyecta a tantos lugares como imaginemos.
Eso es lo que en esencia ha preocupado, preocupa y
preocupará al ser humano. Eso es lo que le da sentido a nuestra vida y eso es
lo que motiva nuestra propia desgracia y desdicha, porque nos limita, nos
comprime y nos encausa en una forma de ver la realidad que creemos única y
necesaria.
Eso nos impide simple y sencillamente SER.
¿Qué te parece si por fin te dijeran la verdad? No sos nada,
no venís de ningún lado y no vas a ningún lado, no tenés espíritu ni alma ni
nada que se le parezca que te haya precedido ni que te suceda. Nadie se
acordará de tu existencia más allá de los 100 años posteriores a tu existencia
material y eso siendo optimistas, sino intentá decirme qué te acordás, sabés o conocés de un familiar tuyo que haya muerto hace 100 años atrás (y te estoy
pidiendo eso respecto de un familiar, imaginate si hacemos la misma pregunta
respecto de algún amigo o vecino de ese familiar que haya sido contemporáneo a
él).
En este punto habrá muchos que querrán hacerte creer que
esto es un completo y total error y que pensando así no se puede vivir, dándote
un montón de teorías que intentarán contradecir esas verdades. Y ¿sabés qué?,
tienen razón. Es imposible que después de saber la verdad le puedas encontrar
sentido a la vida, por eso buscamos desesperadamente una justificación que nos
distraiga de esa verdad insoportable. Por eso lo de las religiones, ideas,
creencias o teorías evasivas. Porque somos cobardes para asumir la verdad,
siempre lo hemos sido y seguiremos siéndolo. Esto es lo que aprovechan los
extorsionadores religiosos de todas las épocas. Esto es el material sobre el
que trabajan y lucran. Por eso no pueden dejar de decir y hacer lo que dicen y
hacen, porque se acobardan ante la magnitud de la reacción de la humanidad
cuando ésta asuma la verdad.
Pero ¿a quién le importa la verdad? ¿Por qué querer saber la
verdad si la misma no nos servirá para nada? Bueno, quizás no la merezcamos o
quizás no estamos tan preparados para conocerla como creemos. A lo mejor todavía no hemos alcanzado el grado de evolución necesario para aceptarla.
Por todo eso es que te resulta absoluta y completamente
necesario hacer de tu vida algo que valga la pena y lo harás de la forma que
consideres lógica, natural y óptima en función a tus convicciones,
conocimientos y predilecciones. Y te sentirás mal cuando no puedas lograrlo.
Pero ¿por qué te sentirás mal si no lo logras? Porque le das
a tu vida una razón, una meta, un por qué y si no la consigues, no llegas o no
lo tienes, te sientes mal. Entonces ¿qué crees que hay que hacer cuando uno está
mal? Simple, tienes dos opciones: buscas la forma de volver al camino original
que te habías trazado para obtener la razón de tu vida, el por qué o la meta; o
buscas la forma de elaborar una nueva razón para vivir, un nuevo por qué o una
nueva meta. No más que eso. Así de sencillo.
¿Y qué bases tiene que tener esa nueva disposición a vivir?
Cualquiera, la que más desees o consideres apropiada. A nadie más que a ti te tiene que importar eso. Acaso ¿alguien te impide que crees tu propia
religión para evadir la verdad? ¿Alguien te ha dicho que no puedes ser el
profeta de tu existencia desde este preciso momento? ¿Por qué creer siempre lo
mismo o hacer en tu vida lo que otros creen como óptimo? ¿Hasta
cuándo vas a estar lamentando no poder ser o hacer lo que otros interpretan
como válido para vivir?
Basta ya. No hay nada que justifique o que puedas
aducir para que dejes de buscar la felicidad o, simplemente, ser feliz. Nada. N
… A … D … A. ¿Entendiste? Sólo tienes que proponerte serlo y listo. Tan fácil
como creer en Dios o en cualquier cosa que jamás has visto ni verás. Así de
sencillo. Como la vida misma. Tan simple y tan sencillo como eso.
Como referencias que te pueden servir puedo señalar que
existen los factores positivos y negativos,el afuera y el adentro, el todo y la
nada, lo bueno y lo malo, el yin y el yang, lo femenino y lo masculino y así
hasta donde quieras. Todo viene en pareja. Nada es unívoco ni puede serlo, todo
tiene un doble sentido, tanto que no fue posible mantener a un Dios sin un
diablo que lo complementara y lo justificara. Todo tiene su sinónimo y su
antónimo y hasta a Adan hubo que crearle su Eva.
Esta “dualidad” es la esencia, el magma, la identidad y
el flujo. Cuando el par no existe o no está junto a su complemento, lo otro no
fluye, no puede hacerlo, se estanca, te detiene.
Así es como el ánimo, la esperanza y la alegría tiene en la
depresión a su complemento y esa alegría no podría fluir sin la depresión por
cuanto si sólo fuera ella seguramente se transformaría en algo distinto a la
alegría para que, encontrado su nuevo complemento, pudiera continuar fluyendo.
Por caso podría transformarse en exaltación y tener cerca a la apatía,
frialdad, impavidez o el desinterés, que darían así fluidez a aquella
exaltación en la que se transformó la alegría por no tener cerca a la
depresión.
¿Qué quiero decirte con esto? Que no es malo estar depresivo
siempre y cuando tengas en ti mismo la alegría, el ánimo y la esperanza
necesarios para que esa depresión fluya. ¿Y por qué digo que debes tenerlo en
ti mismo? Porque eso es lo que hacen los complementos, están juntos, en el
mismo sitio, son parte del mismo todo y si así no fuera entonces dejan de
complementarse.
Puede ocurrir entonces que te sientas depresivo/a y la alegría
que la complementa y es necesaria para que aquella fluya, la busques en un
lugar distinto de donde está esa depresión, o sea fuera de ti, en otras cosas,
lugares o seres. Ahí te equivocas. Si tienes depresión es obligatorio que
encuentres la alegría, el ánimo o la esperanza en tu interior porque es ahí
donde está la depresión, pero si hay algo que te deprima que no está en ti,
entonces es ahí donde debes buscar la alegría, el ánimo o la esperanza, en ese
mismo lugar.
Así también, si es una persona la que te deprime estás
obligado a encontrar en esa misma persona aquello que surja de ella que te
permita ser alegre, con ánimo o mantener la esperanza. Nunca en ti mismo,
porque no es complementario ya que, como dije, los complementos deben estar
identificados en el mismo todo.
Este es el principio de la felicidad, buscar los
complementos donde debes hacerlo y dejar de buscarlos donde no están.
Entonces, ahora que ya sabes cómo hacerlo, SE FELIZ.
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