CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

HOMOCÉNTRICO - PENSAMIENTO ERRADO

 La existencia de un Dios creador sólo es posible de sostener con un pensamiento homocéntrico, es decir si sólo se quiere ver todo desde el punto de vista de un ser humano.

La cosmovisión impide identificar a un Dios como creador dado que no tiene ningún sentido práctico que alguien cree un universo y mucho menos que el mismo que es capaz de hacerlo se decida a crear al ser humano en un minúsculo, distante y solitario planeta de un pequeño sistema de planetas que rodean a una estrella gigante.

Imposible que eso tenga una coherencia determinada por una divinidad que todo lo ve, todo lo sabe y todo lo puede.

Además, tal como ya lo he dicho, no hay explicación alguna para que tenga sentido la existencia de un Dios que cree algo, cualquier cosa, por cuanto no necesita absolutamente nada ya que es Dios.

El ser humano necesitó darle un sentido a lo que veía y sentía y no encontró nada a mano más que imaginarse la existencia de algo más que lo creaba, lo guiaba y lo esperaba al final de la que conocía como vida, de lo contrario no sabía cuál era su propósito y siguió razonando que entonces tampoco existía un propósito para que existiera ese Dios si no existía el ser humano, a quien consideró el centro de todos los desvelos y necesidades de ese Dios.

Nada mejor que saber que quien nos creó nos necesitaba. ¿Quién más podría ser tan importante como el ser humano para Dios? Así de vanidosa la cuestión religiosa, así de hipócrita la visión de creerse el hombre el centro de todo.

Ya hubo una época donde se creía que el planeta Tierra era el centro del universo ¿o no se acuerdan cómo defendían esa posición intelectual? Pues bien, tan ridícula como esa es la idea de que el hombre es el centro de todo lo que existe y se creó.

Pensamiento homocéntrico el principio de todos los males.

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