CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Teoría científica de gravedad.

La Tierra está compuesta por un núcleo ferroso y un silicato formado por distintas capas de material sólido que gira cubriendo al primero, no habiéndose determinado aún por qué ambos no se han fundido.
Según una teoría propia y no comprobada, el silicato tiene un campo magnético externo en tanto que el núcleo ferroso uno diferente a ese, propio y más intenso que aquél, que también es externo a sí mismo.
La presencia del campo magnético del núcleo ferroso impide que el silicato y aquél se fundan, por el efecto de repelencia magnética, en tanto que el campo magnético externo del silicato hace que éste se mantenga con predisposición a unirse al núcleo ferroso, por el efecto de la atracción magnética. He ahí la fuerza de la gravedad.
No estoy de acuerdo en que esa fuerza de gravedad sea sólo centrípeta, porque como se trata de dos campos magnéticos en constante atracción y rechazo, la misma tiene exactamente idéntica dualidad, es decir que es tanto centrípeta como centrífuga.
No creo que la velocidad de escape a través de un empuje sea la respuesta única para superar la atmósfera y tampoco que ella tenga relación con la velocidad necesaria para superar la fuerza de gravedad centrípeta.
Si se logra generar un sentido de campo magnético similar al del núcleo ferroso de la Tierra, la expulsión será lo suficientemente poderosa como para alejarse del planeta sin necesidad de ningún otro elemento.
El campo magnético del silicato, externo, no es el problema ni donde hay que buscar la respuesta, sino que es en el del núcleo ferroso donde hay que concentrarse.
Como el campo magnético del silicato intenta unirse al del núcleo ferroso, considero que hay actividad de polos diferentes que producen la atracción y que ellos serían el polo de mayor magnetismo del silicato con el de menor magnetismo del núcleo ferroso.
En tanto que el campo magnético del núcleo ferroso repele al del silicato porque interactúa su polo de mayor magnetismo con uno de sentido magnético similar que sería el de menor magnetismo del silicato.
Este debe ser el factor por el que el planeta Tierra es único dentro del espectro de planetas conocidos y es a su vez el motivo por el cual los gases constitutivos del aire, originados en el proceso de formación del planeta, no se han disipado en el espacio, dando ello origen a la vida.
La prueba de laboratorio a desarrollar sería construir una esfera imantada, que esté constituida con materiales similares a los que se encuentran en el silicato y manteniendo la misma proporción entre ellos, colocando en su interior otra esfera imantada constituida esencialmente de material ferroso, con similar constitución al núcleo terrestre.
Si es real la experiencia que hoy se puede ver en internet sobre lo que pasa al colocar un imán de hierro en el centro de una espiral de cobre, mi teoría estaría parcialmente avalada. Primero porque los materiales constitutivos del silicato y del núcleo (cobre y hierro), estarían comprendidos en esa experiencia. Segundo porque el imán del núcleo ferroso se calentaría. Tercero porque ese imán del núcleo ferroso se haría líquido incandescente e intentaría escaparse, algo que demuestra el por qué de los volcanes.
Habría que intentar la experiencia y comprobar qué le pasa a ese núcleo cuando, luego de su incandescencia al punto de convertirse en líquido, no puede escaparse en su totalidad y libremente, por lo que se enfría y se convierte en el mismo material ferroso original, pero que al estar encerrado en un ámbito de repelencia y atracción magnética simultánea, su imantación constante sería una consecuencia necesaria, determinando el comienzo del nuevo ciclo.

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