Las madres harán la próxima revolución

 Hasta el presente las revoluciones han tenido diversos antecedentes, variados participantes y protagonistas, se basaron en diferentes ideas e ideales, pero lo que nunca ocurrió y será lo próximo que ocurrirá, es que la revolución la encabecen las madres y lo hagan por la más simple y biológica de las causas, para salvaguardar a sus hijos. Se está ante el clímax de la mala vida de los hijos soportable para una madre. Estamos al borde de que la sustentabilidad de la vida de los hijos sólo sea posible si están con las madres y eso, a las madres, no les parece biológicamente aceptable. Más allá de su instinto de protección que las lleva a estar bien cuando sus hijos están junto a ella, está el instinto más inmanente de saber que sus hijos deben poder valerse por sí mismos dado que ellas no son inmortales. Es cuestión de tiempo para que las madres se rebelen contra el sistema que impide a sus hijos tener un horizonte de vida digna en todo el tiempo en que vivan, que incluye todo ese gr...

Día 36. ¿Hay dirigentes?

No quiero ser pesimista, pero no hay dirigentes. Se pueden encontrar personas en altos cargos institucionales, administrativos, sociales, culturales y hasta económicos, pero no son dirigentes como tampoco diligentes.
Para dirigir se debe tener un temple, una serie de valores y una necesidad de cambiar la realidad de aquello a lo cual impacta el accionar del dirigente, que no se encuentra en ninguna persona de las señaladas. Los responsables sólo llegan a ese porte, es decir que sólo responden ante los demás por las acciones que desarrollan, pero eso no es ni por asomo el trabajo, la tarea o la incumbencia de un dirigente.
Un dirigente debe saber qué pasó, qué pasa y qué pasará, como así también debe saber qué se hizo, qué se hace y qué se hará para que ello se produzca, adelantarse a los hechos y las consecuencias que tendrán en las personas a las que dirige, empatizar con los dirigidos, sentir necesidad de ser parte de esos dirigidos, demostrar que aquello que impactará en sus dirigidos también lo hará en él y que eso es motivo más que suficiente para dirigir.
Un dirigente no tiene que cumplir su tarea por nada más que el deseo de servir al grupo dirigido. No hay espacio para obtener reconocimiento, recompensa o halago alguno por ser dirigente, quien así lo interpreta deja de ser dirigente en el mismo momento en que lo hace. La búsqueda del poder dirigencial es instintivo en el dirigente, pero sólo para poder dirigir, para anoticiar a sus dirigidos que esa es la dirección a tomar, que está un paso por delante de ellos y que sabe cuál es el final si se siguen sus diligentes direcciones.
Pero un dirigente debe mostrar por qué le dice a los dirigidos que se dirijan a ese lugar ya que nunca podrá seguirse a alguien que no está en condiciones de indicar seria y detalladamente cuál es el objetivo. Tampoco nadie seguirá a alguien que no lo dirija a ese objetivo en forma personal, porque no sería viable pedirle a otro que lo siga a uno hacia donde uno no va, como tampoco lo será si el que dirigimos no llega.
No hay dirigentes y la gente lo intuye, por eso se indigna y ocupa espacios en los que no quiere estar pero necesita manifestar esa falta de dirigentes y lo hace dirigiéndose a todos lados y de formas diversas, sin dirección alguna, tanteando, oteando, sin poder ver nada.
Los grupos jamás podrán ser dirigentes porque no pueden, al ser precisamente un grupo, mantener la subjetividad individual que emana de un dirigente, siendo esa subjetividad el maná del dirigente, de donde asume la realidad y dibuja el futuro. Por eso fracasa cualquier acción colectivista.
Pero los dirigentes sólo existen en tanto haya un grupo, de lo contrario no sería lógica su existencia como tal.
Tenemos entonces personas que quieren encontrar una dirección, que buscan con énfasis al dirigente, pero no tenemos dirigentes, sólo personas ejerciendo altos cargos dirigenciales, pero ninguno de ellos es dirigente.
La realidad del mundo es la mejor demostración de lo dicho.
Hay cargos vacantes señores, son los de los dirigentes.
¿Alguien está a la altura del cargo?

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