CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 36. ¿Hay dirigentes?

No quiero ser pesimista, pero no hay dirigentes. Se pueden encontrar personas en altos cargos institucionales, administrativos, sociales, culturales y hasta económicos, pero no son dirigentes como tampoco diligentes.
Para dirigir se debe tener un temple, una serie de valores y una necesidad de cambiar la realidad de aquello a lo cual impacta el accionar del dirigente, que no se encuentra en ninguna persona de las señaladas. Los responsables sólo llegan a ese porte, es decir que sólo responden ante los demás por las acciones que desarrollan, pero eso no es ni por asomo el trabajo, la tarea o la incumbencia de un dirigente.
Un dirigente debe saber qué pasó, qué pasa y qué pasará, como así también debe saber qué se hizo, qué se hace y qué se hará para que ello se produzca, adelantarse a los hechos y las consecuencias que tendrán en las personas a las que dirige, empatizar con los dirigidos, sentir necesidad de ser parte de esos dirigidos, demostrar que aquello que impactará en sus dirigidos también lo hará en él y que eso es motivo más que suficiente para dirigir.
Un dirigente no tiene que cumplir su tarea por nada más que el deseo de servir al grupo dirigido. No hay espacio para obtener reconocimiento, recompensa o halago alguno por ser dirigente, quien así lo interpreta deja de ser dirigente en el mismo momento en que lo hace. La búsqueda del poder dirigencial es instintivo en el dirigente, pero sólo para poder dirigir, para anoticiar a sus dirigidos que esa es la dirección a tomar, que está un paso por delante de ellos y que sabe cuál es el final si se siguen sus diligentes direcciones.
Pero un dirigente debe mostrar por qué le dice a los dirigidos que se dirijan a ese lugar ya que nunca podrá seguirse a alguien que no está en condiciones de indicar seria y detalladamente cuál es el objetivo. Tampoco nadie seguirá a alguien que no lo dirija a ese objetivo en forma personal, porque no sería viable pedirle a otro que lo siga a uno hacia donde uno no va, como tampoco lo será si el que dirigimos no llega.
No hay dirigentes y la gente lo intuye, por eso se indigna y ocupa espacios en los que no quiere estar pero necesita manifestar esa falta de dirigentes y lo hace dirigiéndose a todos lados y de formas diversas, sin dirección alguna, tanteando, oteando, sin poder ver nada.
Los grupos jamás podrán ser dirigentes porque no pueden, al ser precisamente un grupo, mantener la subjetividad individual que emana de un dirigente, siendo esa subjetividad el maná del dirigente, de donde asume la realidad y dibuja el futuro. Por eso fracasa cualquier acción colectivista.
Pero los dirigentes sólo existen en tanto haya un grupo, de lo contrario no sería lógica su existencia como tal.
Tenemos entonces personas que quieren encontrar una dirección, que buscan con énfasis al dirigente, pero no tenemos dirigentes, sólo personas ejerciendo altos cargos dirigenciales, pero ninguno de ellos es dirigente.
La realidad del mundo es la mejor demostración de lo dicho.
Hay cargos vacantes señores, son los de los dirigentes.
¿Alguien está a la altura del cargo?

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