Las madres harán la próxima revolución

 Hasta el presente las revoluciones han tenido diversos antecedentes, variados participantes y protagonistas, se basaron en diferentes ideas e ideales, pero lo que nunca ocurrió y será lo próximo que ocurrirá, es que la revolución la encabecen las madres y lo hagan por la más simple y biológica de las causas, para salvaguardar a sus hijos. Se está ante el clímax de la mala vida de los hijos soportable para una madre. Estamos al borde de que la sustentabilidad de la vida de los hijos sólo sea posible si están con las madres y eso, a las madres, no les parece biológicamente aceptable. Más allá de su instinto de protección que las lleva a estar bien cuando sus hijos están junto a ella, está el instinto más inmanente de saber que sus hijos deben poder valerse por sí mismos dado que ellas no son inmortales. Es cuestión de tiempo para que las madres se rebelen contra el sistema que impide a sus hijos tener un horizonte de vida digna en todo el tiempo en que vivan, que incluye todo ese gr...

Día 35. El fugitivo.

El pasillo tenía una escalera que daba a los pisos superiores. Debajo de ella, en el hueco, había un aparador de madera que tenía un pequeño doble fondo en la pared que daba al frente del pasillo. Ese hueco tenía el espacio para que cupiera una persona adulta de tamaño medio.
Ahí, parado frente a ese aparador se encontraba Copra. Aleisandro Copra, "el fugitivo". El frío de la mañana lo tenía aterido, sin embargo transpiraba. Había trabajado mucho para colocar en ese doble fondo tres cuerpos.
Los ojos de ese hombre se habían iluminado por primera vez después de muchos años. No tenía lágrimas, pues estaba feliz. Tranquilamente feliz.
La agitación de la tarea le impidió refugiarse en sus pensamientos. Concluida, se dedicó a compaginar los cruzados sentimientos que locamente se disputaban la presencia en su cerebro. No sabía si podía pensar o simplemente sentir. No entendía el momento. Sólo lo vivía.
Ya no molestarían más a sus hijos, pero tampoco volvería a verlos. Los dejaba para siempre y los retenía en su piel. La muerte de esas tres personas hizo lo que nadie pudo, lo unió a sus hijos de la forma que la naturaleza lo hace con las madres. Experimentó en la muerte por él ocasionada a otros, la sensación que la vida le deja sentir a una mujer cuando sus hijos aparecen. Por ahí fue su pensamiento hasta que las piernas no pudieron con él.
Despertó y la noche invadía todo, pero la escena seguía intacta. Se incorporó, limpió como pudo su ropa y sin tocar nada se fue de esa casa. No había más nada que lo retuviera.
Seguiría siendo "el fugitivo". Así lo conocían todos, así era su vida.

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