SINGULARIDAD, LO CONTRARIO DE INDIVIDUALISMO

Si existieran seres extraterrestres y lograran verme desde fuera del planeta tierra, sería para ellos un terrícola, es decir, uno de los muchos terrícolas, pero no sería yo en tanto individuo al que verían. Si un terrícola pudiera verme desde cualquier punto del planeta, sería para ellos un latinoamericano, es decir, uno de los muchos que viven en esta zona del planeta, pero aún no sería yo como individuo al que verían. Si un latinoamericano pudiera verme desde cualquier país que la integra, para ellos sería un argentino, es decir, uno de los muchos que viven en este país, pero no sería yo en tanto persona individual al que verían. Si un argentino me pudiera ver, para él sería un mendociono porque vivo en esta provincia, pero aún no sería yo al que vería. Si un mendocino pudiera verme, para él yo sería un maipucino, dado que ahí vivo. No sería al individuo sino al miembro de un grupo que vive en ese lugar. Para un maipucino, si pudiera verme, vería que soy alguien que vive en el barrio...

Día 35. El fugitivo.

El pasillo tenía una escalera que daba a los pisos superiores. Debajo de ella, en el hueco, había un aparador de madera que tenía un pequeño doble fondo en la pared que daba al frente del pasillo. Ese hueco tenía el espacio para que cupiera una persona adulta de tamaño medio.
Ahí, parado frente a ese aparador se encontraba Copra. Aleisandro Copra, "el fugitivo". El frío de la mañana lo tenía aterido, sin embargo transpiraba. Había trabajado mucho para colocar en ese doble fondo tres cuerpos.
Los ojos de ese hombre se habían iluminado por primera vez después de muchos años. No tenía lágrimas, pues estaba feliz. Tranquilamente feliz.
La agitación de la tarea le impidió refugiarse en sus pensamientos. Concluida, se dedicó a compaginar los cruzados sentimientos que locamente se disputaban la presencia en su cerebro. No sabía si podía pensar o simplemente sentir. No entendía el momento. Sólo lo vivía.
Ya no molestarían más a sus hijos, pero tampoco volvería a verlos. Los dejaba para siempre y los retenía en su piel. La muerte de esas tres personas hizo lo que nadie pudo, lo unió a sus hijos de la forma que la naturaleza lo hace con las madres. Experimentó en la muerte por él ocasionada a otros, la sensación que la vida le deja sentir a una mujer cuando sus hijos aparecen. Por ahí fue su pensamiento hasta que las piernas no pudieron con él.
Despertó y la noche invadía todo, pero la escena seguía intacta. Se incorporó, limpió como pudo su ropa y sin tocar nada se fue de esa casa. No había más nada que lo retuviera.
Seguiría siendo "el fugitivo". Así lo conocían todos, así era su vida.

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