CERTEZAS EN RUINAS

El arte de desconfiar de tu propia mente PRÓLOGO: La Trampa de Estar Seguro Usted sostiene este libro con la certeza de que sus manos son reales, de que el suelo bajo sus pies es firme y de que sus recuerdos son crónicas fieles del pasado. Permítame ser el primero en decirle: se equivoca. Lo que llamamos "realidad" no es más que una alucinación controlada, un borrador apresurado que nuestro cerebro edita en tiempo real para que podamos sobrevivir, no para que comprendamos la verdad. A lo largo de los años en Cerebro Diario , nos hemos dedicado a hurgar en las costuras de esa alucinación. Hemos descubierto que la memoria es una mentirosa profesional, que los sentidos son filtros defectuosos y que nuestra lógica es esclava de sesgos que ni siquiera sabemos que tenemos. Este libro no es una guía de autoayuda; es una demolición controlada. Al pasar estas páginas, verá cómo se evaporan las seguridades que le daban confort. No buscamos darle nuevas respuestas, sino dejarle con mejo...

Día 29. Dios va a dejar de existir.

¿Qué hacemos después de muertos? No me interesa saber a dónde vamos, sino qué hacemos. Investigando he podido concluir que después de muertos no hacemos absolutamente nada. Ya sea que vayamos al cielo, al purgatorio, al infierno, al limbo, que esperemos para reencarnar o que simplemente nos transformemos. No hacemos nada, total, absoluta y completamente nada.

Según la doctrina y el dogma de la fe Católica, Apostólica y Romana, esto es lo que pasa después de muertos:

Vivir en el cielo es "estar con Cristo" (cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17). Los elegidos viven "en Él", aún más, tienen allí, o mejor, encuentran allí su verdadera identidad, su propio nombre (cf.Ap 2, 17).

Veamos entonces, identifiquemos esto con el número 1), quedamos así que:
1) ESTAMOS CON CRISTO. VIVIMOS EN CRISTO Y ENCONTRAMOS ALLÍ NUESTRA VERDADERA IDENTIDAD.

Pero ¿qué haremos según esto?. NADA.

La Escritura nos habla de ella en imágenes: vida, luz, paz, banquete de bodas, vino del reino, casa del Padre, Jerusalén celeste, paraíso: "Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman" (1 Co 2, 9).
«¡Cuál no será tu gloria y tu dicha!: Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar en las alegrías de la salvación y de la luz eterna en compañía de Cristo, el Señor tu Dios [...], gozar en el Reino de los cielos en compañía de los justos y de los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada» (San Cipriano de Cartago,Epistula 58, 10).

Con estas definiciones tenemos un punto 2) para concluir que:
2) ESTAREMOS RODEADOS DE VIDA, LUZ, PAZ, DE COSAS QUE NO VIMOS, NI OIMOS NI QUE A NUESTRO CORAZÓN LLEGÓ. NOS ADMITIRÁ DIOS. PARTICIPAREMOS DE LAS ALEGRÍAS DE LA SALVACIÓN Y DE LA LUZ ETERNA. ACOMPAÑAREMOS A CRISTO. GOZAREMOS EN COMPAÑÍA DE LOS JUSTOS Y DE LOS AMIGOS DE DIOS LAS ALEGRÍAS DE LA INMORTALIDAD.

Pero ¿qué haremos? NADA.

En la gloria del cielo, los bienaventurados continúan cumpliendo con alegría la voluntad de Dios con relación a los demás hombres y a la creación entera. Ya reinan con Cristo; con Él "ellos reinarán por los siglos de los siglos" (Ap 22, 5; cf. Mt 25, 21.23).

Busquemos en este punto 3) la explicación y nos enteramos que:
3) CUMPLIREMOS CON ALEGRÍA LA VOLUNTAD DE DIOS CON RELACIÓN A LOS DEMÁS HOMBRES Y A LA CREACIÓN. REINAREMOS CON CRISTO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.

Pero ¿haciendo qué? NADA.

A lo mejor me quieren hacer creer o se pretende que infiera que después de muertos, desde el cielo, logramos ejercer influencia en los hechos de la vida en la tierra. Pero si así fuera dejaría mucho que desear lo que están haciendo los muertos respecto de la vida en la tierra ya que no se nota mucho la presencia de ellos por estos lugares ¿o creen que sí?.
Según algunos datos obtenidos por la ciencia se concluye que por el planeta tierra han pasado algo así como 70.000 millones de seres humanos y que en la actualidad estamos vivos unos 7.000 millones, por lo que, suponiendo que todos los muertos hayan llegado al cielo por estar incluidos entre los bienaventurados, tendríamos que hay 10 muertos por cada uno de los vivos. O sea que tendríamos una compañía en nuestras vidas de 10 seres celestiales que nos están cuidando o intentando ejercer la voluntad de Dios en este mundo, lo que determina que no sólo nos tenemos a nosotros con nuestro libre albedrío sino que nos ayudan 10 mensajeros de Dios. Los invito a que me digan si realmente sienten la presencia de esos 10 voluntarios de Dios junto a Uds. y si logran estar tranquilos por eso. ¿Qué están haciendo esos 10 por vos?
Ahora supongamos que el acceso al cielo está un tanto restringido y que sólo haya podido llegar un 10% de todos los que se murieron porque no todos han sido bienaventurados, entonces concluimos que Dios cuenta con sólo 7.000 millones de los 70.000 millones de muertos ya que los otros 63.000 millones están en otros lugares y no junto a Dios, lo que de por sí ya da bastante miedo por cuanto resultarían más poderosos éstos que aquellos, pero veremos después qué estarían haciendo esos 63.000 millones para mostrarnos si debemos o no estar preocupados.
Por lo pronto nos quedamos con los 7.000 millones de muertos que tendría a disposición Dios para influir en la vida de otros 7.000 millones de seres vivos, con lo que habría 1 muerto por cada vivo. Y eso ¿por qué?
Veamos quiénes son los bienaventurados según el Vaticano.
I. Las bienaventuranzas
1716 Las bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús. Con ellas Jesús recoge las promesas hechas al pueblo elegido desde Abraham; pero las perfecciona ordenándolas no sólo a la posesión de una tierra, sino al Reino de los cielos:

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.
(Mt 5,3-12)

Es decir que en los cielos sólo estarán los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz, los perseguidos por causa de la justicia, los injuriados, los perseguidos y los maldecidos con mentiras en su contra.
Creo que de acuerdo a esto podemos suponer que son un poco más que el 10% de todos los muertos los que han logrado ingresar en la categoría de bienaventurados, pero dejemos ese mínimo a los fines de este análisis.
Quedamos pues que hay 1 muerto por cada vivo, entonces depende de cada uno saber si ese ser está o no a su lado y si dispone de poder divino suficiente para hacer de su vida lo que considera una verdadera vida, pero no se olvide que el catolicismo dice que ese muerto está a su lado cumpliendo con alegría la voluntad de Dios con relación a los demás hombres y a la creación entera, por lo que le pase lo que le pase en su vida, en parte le está pasando porque Dios tiene a su lado un muerto que cumple con alegría la voluntad de EL en relación a los demás hombres y a la creación entera, así es que aténgase a esa creencia y viva la vida como si ud. no importara para nada ya que lo que realmente importa acá es la voluntad de Dios, la relación suya con los demás hombres y la creación entera.
Ud. es un eslabón que le sirve a Dios para cumplir su voluntad respecto a los demás hombres, los que por la misma definición tampoco importan en sí mismo y ello también respecto de la creación entera.
Siguiendo la idea entonces se concluye que según el Catolicismo ninguno de nosotros importa nada, sino que lo realmente importante es la creación entera, en la que estamos incluidos por supuesto, pero sólo para cumplir con la voluntad de Dios, tanto que no sólo la debemos cumplir mientras estamos vivos, sino que después de muertos también.
Estamos obligados a cumplirla vivos o muertos, pero en especial lo está el muerto o los 10 muertos que nos acompañan a los vivos por voluntad de Dios, tal como analizamos anteriormente y no para favorecer a otro hombre, sino a la bendita creación.

En definitiva la creación se lleva el gran premio, pero ¿qué es la creación?
Según el Vaticano, en http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c1p4_sp.html, se tiene que:

285 Desde sus comienzos, la fe cristiana se ha visto confrontada a respuestas distintas de las suyas sobre la cuestión de los orígenes. Así, en las religiones y culturas antiguas encontramos numerosos mitos referentes a los orígenes. Algunos filósofos han dicho que todo es Dios, que el mundo es Dios, o que el devenir del mundo es el devenir de Dios (panteísmo); otros han dicho que el mundo es una emanación necesaria de Dios, que brota de esta fuente y retorna a ella ; otros han afirmado incluso la existencia de dos principios eternos, el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas, en lucha permanente (dualismo, maniqueísmo); según algunas de estas concepciones, el mundo (al menos el mundo material) sería malo, producto de una caída, y por tanto que se ha de rechazar y superar (gnosis); otros admiten que el mundo ha sido hecho por Dios, pero a la manera de un relojero que, una vez hecho, lo habría abandonado a él mismo (deísmo); otros, finalmente, no aceptan ningún origen transcendente del mundo, sino que ven en él el puro juego de una materia que ha existido siempre (materialismo). Todas estas tentativas dan testimonio de la permanencia y de la universalidad de la cuestión de los orígenes. Esta búsqueda es inherente al hombre.
286 La inteligencia humana puede ciertamente encontrar por sí misma una respuesta a la cuestión de los orígenes. En efecto, la existencia de Dios Creador puede ser conocida con certeza por sus obras gracias a la luz de la razón humana (cf. Concilio Vaticano I: DS, 3026), aunque este conocimiento es con frecuencia oscurecido y desfigurado por el error. Por eso la fe viene a confirmar y a esclarecer la razón para la justa inteligencia de esta verdad: "Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece" (Hb 11,3).
287 La verdad en la creación es tan importante para toda la vida humana que Dios, en su ternura, quiso revelar a su pueblo todo lo que es saludable conocer a este respecto. Más allá del conocimiento natural que todo hombre puede tener del Creador (cf. Hch 17,24-29; Rm 1,19-20), Dios reveló progresivamente a Israel el misterio de la creación. El que eligió a los patriarcas, el que hizo salir a Israel de Egipto y que, al escoger a Israel, lo creó y formó (cf. Is 43,1), se revela como aquel a quien pertenecen todos los pueblos de la tierra y la tierra entera, como el único Dios que "hizo el cielo y la tierra" (Sal 115,15;124,8;134,3).
288 Así, la revelación de la creación es inseparable de la revelación y de la realización de la Alianza del Dios único, con su pueblo. La creación es revelada como el primer paso hacia esta Alianza, como el primero y universal testimonio del amor todopoderoso de Dios (cf. Gn 15,5; Jr 33,19-26). Por eso, la verdad de la creación se expresa con un vigor creciente en el mensaje de los profetas (cf. Is 44,24), en la oración de los salmos (cf. Sal 104) y de la liturgia, en la reflexión de la sabiduría (cf. Pr 8,22-31) del pueblo elegido.
289 Entre todas las palabras de la sagrada Escritura sobre la creación, los tres primeros capítulos del Génesis ocupan un lugar único. Desde el punto de vista literario, estos textos pueden tener diversas fuentes. Los autores inspirados los han colocado al comienzo de la Escritura de suerte que expresan, en su lenguaje solemne, las verdades de la creación, de su origen y de su fin en Dios, de su orden y de su bondad, de la vocación del hombre, finalmente, del drama del pecado y de la esperanza de la salvación. Leídas a la luz de Cristo, en la unidad de la sagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia, estas palabras siguen siendo la fuente principal para la catequesis de los misterios del "comienzo": creación, caída, promesa de la salvación.
II La creación: obra de la Santísima Trinidad
290 "En el principio, Dios creó el cielo y la tierra" (Gn 1,1): tres cosas se afirman en estas primeras palabras de la Escritura: el Dios eterno ha dado principio a todo lo que existe fuera de Él. Solo Él es creador (el verbo "crear" —en hebreo bara— tiene siempre por sujeto a Dios). La totalidad de lo que existe (expresada por la fórmula "el cielo y la tierra") depende de Aquel que le da el ser.
291 "En el principio existía el Verbo [...] y el Verbo era Dios [...] Todo fue hecho por él y sin él nada ha sido hecho" (Jn 1,1-3). El Nuevo Testamento revela que Dios creó todo por el Verbo Eterno, su Hijo amado. "En él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra [...] todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo y todo tiene en él su consistencia" (Col1, 16-17). La fe de la Iglesia afirma también la acción creadora del Espíritu Santo: él es el "dador de vida" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano), "el Espíritu Creador" (Liturgia de las Horas, Himno Veni, Creator Spiritus), la "Fuente de todo bien" (Liturgia bizantina, Tropario de vísperas de Pentecostés).
292 La acción creadora del Hijo y del Espíritu, insinuada en el Antiguo Testamento (cf. Sal33,6;104,30; Gn 1,2-3), revelada en la Nueva Alianza, inseparablemente una con la del Padre, es claramente afirmada por la regla de fe de la Iglesia: "Sólo existe un Dios [...]: es el Padre, es Dios, es el Creador, es el Autor, es el Ordenador. Ha hecho todas las cosas por sí mismo, es decir, por su Verbo y por su Sabiduría", "por el Hijo y el Espíritu", que son como "sus manos" (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 2,30,9 y 4, 20, 1). La creación es la obra común de la Santísima Trinidad.
III “El mundo ha sido creado para la gloria de Dios”
293 Es una verdad fundamental que la Escritura y la Tradición no cesan de enseñar y de celebrar : "El mundo ha sido creado para la gloria de Dios" (Concilio Vaticano I: DS 3025). Dios ha creado todas las cosas, explica san Buenaventura, non [...] propter gloriam augendam, sed propter gloriam manifestandam et propter gloriam suam communicandam ("no para aumentar su gloria, sino para manifestarla y comunicarla") (In secundum librum sententiarum, dist. 1, p. 2, a.2, q. 1, concl.). Porque Dios no tiene otra razón para crear que su amor y su bondad: Aperta manu clave amoris creaturae prodierunt ("Abierta su mano con la llave del amor surgieron las criaturas") (Santo Tomás de Aquino, Commentum in secundum librum Sententiarum, 2, prol.) Y el Concilio Vaticano I explica:
El solo verdadero Dios, en su bondad y por su fuerza todopoderosa, no para aumentar su bienaventuranza, ni para adquirirla, sino para manifestar su perfección por los bienes que otorga a sus criaturas, con libérrimo designio, justamente desde el comienzo del tiempo, creó de la nada una y otra criatura. (DS 3002).
Concluyendo, después de muertos vamos a cumplir con la voluntad de Dios con alegría. Nada más.
Hecho este que deja perplejo a cualquiera que piense ya que es Dios el que nos creó y lo hizo por su propia voluntad, determinándose que nos creó para cumplir con su voluntad y nos indica que después de muertos tendremos que seguir cumpliendo con su voluntad pero no respecto de cada uno sino en relación a los otros hombres y la creación, no entendiendo muy bien para qué crear algo a voluntad para decirle que haga lo que esa misma voluntad quiera pero no para satisfacción del creado sino de toda la creación. ¿Por qué no hizo directamente lo que su voluntad quería y se dejó de crear a alguien para que cumpliera con su voluntad? ¿Eso es inteligente?

Esto demuestra clara y concretamente que Dios no es tan poderoso entonces, ya que no fue capaz de crear algo que no necesitara de alguna parte de ese todo para que se siguiera cumpliendo con su voluntad y, por ende, esa voluntad no es tan poderosa tampoco porque también necesita que la cumpla esa pequeña parte de lo que creó, no siendo capaz de valerse por sí misma para que se cumpla.

En definitiva, Dios no podría ser Dios si no nos hubiera creado a los hombres, necesitándonos para SER, por lo que Dios va a dejar de existir cuando el hombre deje de existir, hecho que prueba que Dios no existe porque no es lógico que deba su existencia a un ser inferior a EL y que, además, EL creó.
El hombre es una microcienmillonésima parte de un micrón de pelo de las millones de cabelleras que conforman la creación y su existencia no está asegurada por Dios, hecho que determina que Dios también va a dejar de existir.

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